“Pulp Politics”

Este mes de junio Superman, el Superhéroe por excelencia del comic, cumple 75 años. Aunque es poca conocida que aparte de su doble vida como Clarck Kent – Superman, ambos tuvieron una vida anterior. Su autor Jerry Siegel publicó cinco años antes, en el tercer número de la revista Science Fiction, “The Reign of the Super-Man” en el que el tal Super-Man era un villano calvo con poderes telepáticos empeñado en dominar el mundo. Su posterior invento de doble personalidad y disfrazado de azul y rojo tendría mucho más éxito y encabezaría toda una saga de superhéroes Made in USA con la que nos educaron en valores a varias generaciones.

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Unos valores basados en una ciudadanía apocada e inválida que dependían de la intervención de estos estrafalarios personajes de dudosa procedencia y sus nunca explicados superpoderes. Unos ciudadanos sin papel protagonista alguno en los guiones que se limitaban a ser “rescatados” o sufrir los efectos colaterales de las imponentes batallas de los superhéroes contra los supervillanos, otros personajes igual de falsos y estrafalarios cuya existencia se basaba simplemente en justificar la violencia de los “buenos” para mantener la pervivencia del, siempre urbano y occidental, mundo civilizado.

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Un mundo civilizado “garante de las libertades” que nunca ha tenido reparos en asimilarse explícitamente a los Estados Unidos de América. Ni cuando en los años 40 el supervillano no era otro que el nazismo, justificando así la creación del Capitán América, ni con cualquiera de la larga serie de supervillanos con frecuentes coqueteos al mundo soviético o islámico, obsesionados por dominar el mundo o destruir la humanidad. Unos supervillanos con frecuencia al mando de ejércitos de mutantes deshumanizados sobre los que nunca nos preguntábamos mientras los veíamos volatilizarse con miradas láser por qué se habían embarcado en ese Ejército del Mal, ni si tenía alguno de ellos padres, pareja, hijos o amigos. A nadie le importaba porque el único protagonismo estaba en la pelea entre el Superhéroe y el Supervillano.

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Esa fue nuestra Educación para la Ciudadanía de muchas generaciones, en la que, inmersos en los repetitivos argumentos no nos preguntábamos más acerca de la historia que si ser más del circense Spiderman o del oscuro Batman. Si acaso, para mentes inquietas y “alternativas” nos dejaban la opción de decantarnos por mitologías más serias y ser fans de Thor, u optar por la fuerza bruta y el escaso análisis y seguir a La Masa o a La Cosa. Incluso los menos personalistas podían decantarse por Los 4 Fantásticos u otras agrupaciones temporales de Superhéroes.

De aquellas historietas de ficción publicadas en los años 30 publicadas en papel amarillento, de muy mala calidad, destinadas al consumo popular deriva el concepto “revista pulp”(“pulp” hace referencia al desecho de pulpa de madera con la que se fabricaba un papel amarillento, astroso, de muy mala calidad y sin guillotinar pero de coste muy barato con el que estas revistas eran impresas. Wikipedia dixit). Aun cuando la calidad de papel y de impresión cambiase tras el éxito de Marvel y DC la denominación se mantuvo en este tipo de “literatura menor”

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El mismo concepto poderíamos aplicarlo al análisis político de los mass media, periodismo amarillento de mala calidad destinado al consumo popular. Argumentos vacíos cuya credibilidad se construye tan solo a fuerza de repetirlos machaconamente. Diálogos zafios y sin más objetivo que rellenar un bocadillo o un titular de prensa. Personajes incomprensibles que juegan a pelearse por el disfraz de superhéroe o de supervillano. Una población apática que asiste apática a las batallas dialécticas entre ambos. Una aunténtica “política pulp” en cuyo panorama patrio de aspirantes frustrados encontramos al Señor de los eurillos, que queriendo ser gandalf se quedó en Gollum, y la auténtica Plastic woman, esa que habla el catalán con Ansar en la intimidad. 

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Pero sin duda, los que destacan en esta “pulp politic” nacional son Rajoy y Cospedal. Uno por sus denodados esfuerzos en convertirse en el Hombre Invisible que acabaron convirtiéndole en Plasman, y la otra que pese a aspirar a ser Cat Woman, la Mujer Gato, se quedó en simplemente Zorra.ImagenImagen

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